sábado, julio 25, 2026

Clave de Voz

En tu mirada,
    en ese paso del tiempo
    que se esconde en tu piel

Y que me pides despejar
de entre los sonidos

Y la lejanía.

Porque no hay más espacio
    hacia tu ser
    que esta vía que se expande

A tus deseos.

Punzocortante es tu mirada que escapa de la mía. Es tu frenesí agotado por el ayuno. Delirante en como abuso de tus formas, tu paciencia y tu sonrisa.

Para tejer con el bisturí una capa de prisa y un manojo de nervios.


Niña
que te gusta volar,
regálame tu tiempo
para acumular millas.

Ese silencio
que tu mirada esconde,
por una figura de ausencia
o una compañía de lo más culpable.

Queréllame

Y haz de tu corazón
un ergástulo con tus manos de rosas
con tu sed de abrazos que nos separan.

Haz de mi el compañero
de tus juegos sobre el viento.

Vuélveme un niño.

Te Enseño a Jugar

Porque nos acerca a las sonrisas como una infestación de abejas y sus mieles. Porque lo infinito se resume en una caricia y tu crecer es tán fatídico como el amor que no sabe del tiempo.

Te enseño a jugar y los minutos son como un cansancio en lo invisible. Aprendo de tu sueño y la calma no es más que un tipo de cambio que nos deja tranquilos. Por un futuro juntos y pero jugando.

Entre tus Sombras

Quiéreme
como el fuego,
como el fragor
de un campo encendido

En decibeles plagados de agonías.
En instantes inextinguibles.

Entre tus sombras.

sábado, junio 27, 2026

Creéme Sofía. Cuando te digo que no hay cuestión que embargue los días, sino una sola intriga que se aproxima a la mente; para embrujarla con bríos y trinos de un cuervo minimizado como un tipo de letra. 

Créeme, al menos. Porque un todo es mayor que la suma de sus partes, y esto no es más que una triste grieta que nos separa de la arquitectura con tu mirada infinitesimal; que me supo deslumbrar.

Porque yo te creo. O te crearé. O tal vez te creí, mía y pequeña e infinita como una rosa en mi jardín indibujable. O como una voz eterna de entredichos siderales.

Solares

La mancha de sol se oculta entre mi sombra. No es de verguenza aquella es sólo una puesta de ilusión que alguien divinizó a causa de las estrellas. No es el sol que sale, sino muy distinto. Porque este se oculta y se proclama como enemigo natural del tiempo.

Ese sol no recae, se mimetiza y se postra ante el tiempo como un saludo educativo japonés. Ese sol no lleva insignia. Sino una gorra andaluza que suple al viento en elegancia y plenitud. Ese sol, ya no nos mira porque aprendió a caminar.

La Niña del Escombro

se alimenta de su voz de reloj y a la vez que ora

se alimenta de oración en tanto su voz transcurre en el reloj.


Porque su vida ahora no va con los instantes

Porque su vida ahora es una puerta de salida hacia la luz.


La niña del escombro, distingue el verde del rojo.
La voz del cielo, del mar y del azul.

Cielo imprudente
mirada que escapa del azul

y que vuela.

No mires las nubes
mientras estas recogen al mar

en cambio llévatelas.

Porque a pesar de todo
nos cubren los recuerdos.


Movernos

En el recuerdo
    que las horas son distintas
    porque se impregnaron de infancia
    y todo es celestial.

Ahora que tu piel tiene trofeos de vida
    me llamo a tu veneración como una gota infinita
    y elijo el descanso para no mirar el mundo
    que es llano y a veces de piedra.

Movernos es querernos 
    y decirnos 
    esto que nadie entiende

Salvo nuestras horas.