sábado, octubre 31, 2026

Ella me Toca

Y soy tenue,
me molesto y pero ella divaga. Tiene los ojos en modo volcánico.

Y me dejo apagar. 

Ella me toca y me convierto en bronce
conduzco electricidad finalmente, pero ella es el pozo a tierra.

Y soy ahora luz para su hombría
aunque reacciono tarde.

Porque le recuerdo al hombre que algún día se convertirá su hijo.
Llévame a ti. Que para esa parte del país calzado, no he encotrado mi talla. Porque opté por orar por Benedicto, mientras Rigoletto se encargaba de cortar cabezas con su arte. No soy más turista ahora que no he recordado las direcciones, ni los sin sentidos. No soy más yo y eso se castiga con olvido.

Con tu mirada de encuentro. Con tus besos de estrella. Toda esta materialidad, que no son otra cosa más que recuerdos, se caen porque alguién bajó el telón antes de tiempo. Para cuando no había más estrados. Para cuando no despertaste a mi lado y dejaste olvidada la colaboración del Instagram. 

Quítame los Clavos

Que en este septentrión mi voz se aplaca como una esponja de vinagre. Y no hay sed más retardada porque ya no se distingue más al tiempo. Quítame el verano que presume de llantos inesperados, de caminos que se inundan con la magia de las penurias. Quítame todo, para volver a ser y pregonar la Buena Noticia; que con prevención todo es posible.

Porque he recorrido cuerpos celestiales en un transbordador de recuerdos siderales. Porque he aprendido a ser yo y batir mis alas, para pasar a ser padre de mis padres y arrullo para mis silencios. Quítame finalmente, de mi yo que menoscaba la tarde; con su paciencia enfermiza de revelaciones. Con su marca personal que se aleja de la redención, por jugar a la crucifixión.

Niña efigie
vuelve a mi

Y enséñame que volar 
es más redituable que amar la soledad

Niña adulta
besa mi voz

E ilústrame en las artes
de ahorrar las horas por un bocado de silencio

Tengo la Prueba de tu Fuego

Y que apagué de a pocos
    con versatilidad y solución salina
    con imanes que transmiten alegría

Tengo la prueba

En ese horizonte de recuerdo 
     que tu mirada me deja como herencia
     que tu voz me enseña para olvidarme

de tu fuego.

Y que apagué hace poco.

martes, octubre 27, 2026

En esto que se llama III

Cómo no estar
cuando rehuyo al tiempo

cuando dibujo la tristeza
con un pincel que renga entre mis dedos

Cómo no estar, cuando el viento se aleja
y me deja una estela de penurias

que me equipara a una luz tenue de velorio
y pero que días más tarde verá la claridad

Porque alguien cumplirá quince años.

Como una última versión,
alejada del original y del mar.

Y que convierte este sentir
en esto.

En esto que
se llama 
soledad.

Cansado. Es como transcurro. Y me apoyo de las noches para medir mis fuerzas. Contra un espejismo que se me anticipa como sed y hambre en medio de un agitado paso por la memoria. La memoria de no sentirme parte de esto y saber que no soy tan infinitesimal como el recuerdo de un bebé.

Ahora quisiera recordar, el cómo vivir partiendo de la búsqueda o de un punto de historia. En concreto puedo transcurrir y fijarme, de cómo el timpo es indolente cual si fuera una hipotermia para nuestros pensamientos; pero todo ello no es más que una evidencia reservada para el final de esta vida.

Déjame importunarte!

Porque es lo único que puedo disponer de entre este tiempo y este espacio. Es un perjudicial, y lo sé, atrevimiento que viene acompañado con tus rubores y cuotas de sonrisas sin elevarse. Porque se impregnaron del hastío de tan solo tener que apreciarme.

Hay una coloración muy en el fondo. Una, que específicamente se somete a las horas de las redes y que no tiene vida social. Porque se casó muy infante. Es decir, a los treintas y en medio del desespero; que no es otra cosas que el anhelo de sonrisas y novedades cuando no se comparte la cama. 

Claro estoy y abierto a ti
reafirmando que vivo cubierto 
        de tus recuerdos

        y esa mirada que no puede
        huir del tiempo.

Hay una superposición que me traduce
como un cuento para niños
        con ilustraciones 

        opacadas por el tiempo
        y el acre olor de tu sensibilidad.

Era de esperar

Que este sonido del tiempo 
        me nivele a tus sombras

Para hacerme de la estirilidad
        una prueba de fuego
        de propagación

Y cambios en el desarrollo del tiempo.

Era de esperar, que mi sombra
        vertiera sobre tu vientre
        un plano de cambio

Un ultrasonido de circunstancias

Para llegar hasta ti.