Creéme Sofía. Cuando te digo que no hay cuestión que embargue los días, sino una sola intriga que se aproxima a la mente; para embrujarla con bríos y trinos de un cuervo minimizado como un tipo de letra.
Créeme, al menos. Porque un todo es mayor que la suma de sus partes, y esto no es más que una triste grieta que nos separa de la arquitectura con tu mirada infinitesimal; que me supo deslumbrar.
Porque yo te creo. O te crearé. O tal vez te creí, mía y pequeña e infinita como una rosa en mi jardín indibujable. O como una voz eterna de entredichos siderales.
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