La mancha de sol se oculta entre mi sombra. No es de verguenza aquella es sólo una puesta de ilusión que alguien divinizó a causa de las estrellas. No es el sol que sale, sino muy distinto. Porque este se oculta y se proclama como enemigo natural del tiempo.
Ese sol no recae, se mimetiza y se postra ante el tiempo como un saludo educativo japonés. Ese sol no lleva insignia. Sino una gorra andaluza que suple al viento en elegancia y plenitud. Ese sol, ya no nos mira porque aprendió a caminar.
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