y no estás más.
Las huellas de tus pasos se han acortado como el tiempo.
Y ya no hay esperanza ahora que la sequedad no es más que un recuerdo.
De esta tierra apagada por el viento.
De esta lluvia dibujada por el fuego.
Llueve...
y no estás más.
Las huellas de tus pasos se han acortado como el tiempo.
Y ya no hay esperanza ahora que la sequedad no es más que un recuerdo.
De esta tierra apagada por el viento.
De esta lluvia dibujada por el fuego.
Llueve...
La rosa proyecta
el polen inconcluso de su vecina,
rayana a su nueva realidad de abeja
o reina despintada de alas.
La rosa hiere
a la sorpresa e inocencia de la niña
a la ternura incandescencia
de un placer indefectible.
Como el sol y esa fotosíntesis
que sintetiza el atisbo.