Escribo con su piel, porque me resulta eterna
y hago una pausa adrede porque siento en su hambre
esa sed de mujer que devora mis intantes con su presunción de cielo
mineral y todo paso por la tierra como una constancia que resulta su vida.
Y ella ama, lo que yo amé. Porque le llevo una celebración de cambio
de niña a mujer, porque la miro y la siento como un regalo del destino
y le regalo besos porque no me quiero ir de su mirada.
Hasta que la llaman para rendir cuentas a su afecto
y la tarde continúa mustia y eterna en caída libre.
Y yo, yo sólo quiero contar los días para comprobarlo todo.
sábado, septiembre 05, 2026
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