Es perderse apenas. No distinguir el rubor, la escena de pesca que se disipa como una luminosidad que desconoce del tiempo. Es silenciar la mirada y andar tras el destino. Es todo eso y más apenas el tiempo. La quietud de una hora. La solidez de la tarde que se contrae y que lleva su flexibilidad al efecto del sueño.
Pero en ese cavilar que es del todo constante, pienso en la luz que se recubre de mis fuerzas. Y resulta un ser que no conoce del destino. Y eso tarde o temprano dificulta el sentir. Dificulta el mirar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario