No hay motivos. Tampoco existencias. Hay un asiento contable que me enumera al trabajo. Y no creería que tras el sol, hay un radar mal configurado que expone un satélite a la verguenza; de nuestra sublime exitencia.
No hay caminos. Todos yacemos en el aire y aprenderemos a caer como todos. Lejos, solos, inmaculados y desde arriba. Como una aureola descomponiéndose, a la dicha.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario