Quiero un café, servido a la tarde para emanciparme y rodear mis miedos con una fragancia familiar proveniente del tiempo. Quiero un café disoluto e imponente como un castillo en Brno. Quiero su vitalidad recorriendo mis venas y mis impresiones.
Y sobre este paso líquido que se jacta de la nada, quiero también un cigarrillo para recordarme que soy tan efímero como mis anhelos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario