No me apiado de su rostro, porque tiene aluminio sembrado en su calcárea manera de aferrarme a su vida. Ella sabe y aprovecha entonces su poder suave. De convencerme con sus pinzas de piernas y revertir mi sombra a una mínima expresión.
Y entonces crecemos juntos y nos volcamos a la soledad brevemente, como un anuncio de electrodomésticos a la hora oscura. Y no hay camino más seguro, que tu semblante.
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