Ese sueño no reposa, porque lleva el mancillar de su hipnotismo. Porque transporta más que a su paso ese decantar de horas y estudios sobre la ceguera del mar en función a nuestros oídos. Ese sueño.
No termina. Y se postra ante el recuerdo. Porque los niños aprenden creciendo; y esta incandescencia me llena tanto de energía que no termino de corromperte. Niña siempre niña.
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