sábado, agosto 22, 2026

Hay un cuerpo posterior al tuyo y que ostenta la doctrina de la fe y eso de lo que tanto nos explicaban las abuelas, irreconocibles ante el ocaso de sus días. O aquello con lo que intentó dormirnos Jose Asunción, infructuosamente desde Bogotá; porque aquí de San Juan sólo conocemos que es a base de arroz.

Y que atroz es todo eso, mientras nos elevamos como ruiseñores. Pequeños y sin crestas. Hay un cuerpo que aspira tus horas y las transporta a un sencillo estado, que me recuerda mis miserias y mi nimiedad ante el resultado del endocrino.

Hay eso y tampoco nada, porque entre esas cenizas o polvos pentateucos, que alguna vez fueron carne arrulladora; sólo quedamos ahora los dos. 

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