Hola, me llamo complicidad y guardo tu mirada levemente como una breve alegoría que juega con tus cabellos, mientras esperas al del delivery; que hoy guardará tu contacto y te evocará con la virilidad con que se hace más intensa la soledad de un emigrante.
Tu frente tiene marcas de una sonrisa inocente y tu mirada colorida parece jugar con el falso plano secuencia de un director de cine acusado de acoso. Y como que todo ese rollo, últimamente se ha hecho común en tu país como en el mío, me pongo a pensar como un simple mortal; viéndote que eres más diosa que la noche y tan concisa como mi paso.
La pizza demora y tus labios se humedecen como evocando un sabor olvidado por la fragancia. Yo sólo quisiera pasar la noche contigo. Eso no lo pienso yo esta vez, sino es lo que te escribirá el del delivery. Pero tu sonreirás resuelta y concisa como la noche, y más porque esta vez nos recordaremos unidos en la memoria; como dos cómplices.
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