La mayor parte del tiempo no es beneficiosa para una devaluación de nuestros afectos. Hay una malsana tendencia a depreciarnos y erigirnos desinteresadamente a la mansedumbre de una existencia, acaso vacía y egoísta que busca alejarnos de todos.
Hay un mercado aparte de divisas e intercambios corrientes, donde no fluyen las estrategias ni emergen las tácticas. Cada quien se desvanece al vaivén de las horas y no hay precisión que valga la pena, ni como para dar sentido a las penas.
Agrego una comisión, por si esta lectura cae al abandono de la vista.
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