El ángulo, por matemática o según su ramificación, correspondería a un obtuso. La agudeza de esta afirmación no recae al sólo hecho del cálculo ni de la precisión. Sino de una falta de escuadra y reglas, como las que usaba el profesor de matemática con filiación a Patria Roja.
Mi ángulo es mi pensamiento, y que de por sí ya no se sorprende con un boleto de avión o un sello para un pasaporte del que nunca aprendí su número. ¿Entonces, qué tipo de pensamiento debería proyectar en este sentido de reloj?
El pensamiento del paso del tiempo, del libro por escribir, del jardín por reflotar o del pequeño ser que cubrirá mis horas de desvelos pero de dicha. He ahí mi pensar y tal vez mi nueva esencia.
He ahí de por qué lo pienso todo postergar.
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