Sobre la vera del silencio, transcurro para atenuar tu voz de guía e intérprete entre una fragilidad que apenas se retracta. Porque como dicen algunos, no hay intención después de las puertas.
Así proseguimos la marcha, mirándonos como dos incógnitos huéspedes del infinito. La oscuridad es un privilegio y nuestras voces juegan suaves rimas tristes plenilunio. Sé que apenas eres tú superponiendo ese yo incandescente.
Pero sé que también eres tú, eterna y silenciosa embajadora de mi suerte.
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