Nostalgia. Una palabra invidente que se desfiguraba con unas cuantas gotas de abedul, rayano al tiempo. Fragancia breve que se diluye en minutos, mientras se eleva la temperatura del arbusto.
Y entre ceja y ceja, uno renace eterno para predecir las horas, las sinfonías y las veces con que recordamos el cómo crecimos entre juegos y risas. Y esos abrazos que se encuentran cada año. La luz de la casa se conjuga a lo triste y no hay predominio vegetal sobre el silencio.
Mientras, unas velas enormes, nos hablan de una esperanza de eternidad. Nostalgia
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