A descender por un California, del que no requiero visa, después de jugar porque ignoro que mis primos crecerán por aquí como piezas de eucalipto. Y que me advertirán de las lluvias o que no me acelere mucho en el juego para no opacar al tío Jorge.
Pero la lluvia cae apenas y sabemos que es un año donde quisiéramos reunirnos a cada instante, como un café con sus semillas. Como una tarde entrañable y eterna.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario