Parece extraño que a kilómetros aún predomine
el rumor de una voz que nos abraza
y nos conduzca a la suavidad
con que la ternura aprende a escribir su nombre.
Y no es extraño, que a través de esa luz
hay una mirada eterna de aprobación
y tesseras relampagueantes de esperanza
y más allá, un fiel devoto de los juegos.
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